Tanta vida vivida, vida mía…

Tanta vida vivida, vida mía,
sin presentir apenas que existiera
tal querer madurado sin espera
ni tal dolor brotando en la alegría.
 
Remota soledad que atardecía
en cada amanecer, grave y artera,
sobre la espesa llama de la hoguera
las cenizas de toda lejanía.
 
Estás, amor, estremecido asedio…
Contra el inútil término del tedio
pasó el ardido verdecer del llanto.
 
Pero estás, y me duele tu presencia:
tardío germinar en mi existencia
de este indecible sollozar del canto.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
J.P.F.

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